Negocios de la familia Toro Sierra

Muchas son las vivencias y anécdotas, situaciones y acontecimientos que se han vivido en nuestra familia. Debido a la situación de la economía se emprendieron varios negocios en el inicio de los años 60.
El primero fue la Central telefónica en Peraltilla desde el año 1963 hasta el 1976.En la central existía un cuarto donde la telefonista conectaba las clavijas, una sala de espera y un locutorio con un teléfono público que utilizaban los vecinos que no tenían teléfono en sus casas, ya que en el pueblo solo había 5 familias que tenían aparato(los primeros eran negros con manivela colgados en la pared o sobremesa): Número 1, del practicante Alfredo Coronas; el 2, de casa Paco en la Posada; el 3, de casa el Relojero; el 4, de casa Ciria y el 5, de casa Beneded.
Si las llamadas eran entre estos cinco vecinos, la telefonista conectaba las distintas clavijas y se podía hablar de teléfono a teléfono, desde casa. Para hablar con alguien que residía fuera del pueblo, había que pedir conferencia y esperar. Los que llamaban de fuera, debían esperar hasta que se avisaba al interesado o bien utilizar el servicio de avisos de conferencia, quedando a una hora determinada, así el destinatario de la llamada acudía a la central a la hora prevista.

 


Una anécdota que le paso a mi padre, fue de un turista hospedado en La Posada recibió una llamada a altas horas de la noche, como era tarde en la Posada no contestaban y el que llamaba exigió que se le fuera a avisar. Mi padre alegó que no tenía obligación de ir y menos a esas horas. El que realizaba la llamada insistió diciéndole que era un “señor con mucho peso”, a lo que le contesto “lo del peso habría que verlo “para saber quien pesa más.  
En los siguientes años se llegó a tener más de 25 teléfonos.

Años más tarde con el inicio de las obras del Canal del Cinca, mi padre Antonio Toro y Tomás Craver decidieron abrir un bar en sociedad. El negocio iba bien, pero a los 2 años vieron que se quedaba pequeño y decidieron separarse amistosamente y el Sr. Tomas abrió otro bar en su casa, esto se debió al incremento de habitantes que procedentes de distintas partes de España, llegaron a Peraltilla para trabajaren las obras del canal, algunos llegaron con sus familias y se instalaron en las casas vacías del pueblo y otros en los albergues.

Los primeros días de mes que disponían de su mensualidad se creaba un gran ambiente en el bar, los del pueblo cantaban jotas y los del albergue cantaban cantos de sus respectivas tierras. Mi madre se acuerda que el Sr. Emilio recitaba también una poesía muy bonita.

Recuerdo que se vendían muchas pipas (se compraba un bolsón grande), en cada una salía de premio una muñeca o un balón, claro el premio se ponía al final para poder venderlas todas y darle emoción.

También en nuestra casa nos ofrecieron llevar el estanco, que antes estaba en casa Esteban hasta que se jubilaron.

Al principio los trabajadores que estaban en los albergues gastaban mucho tabaco, al principio compraban paquetes de ideales que entonces valía 3 pesetas, a los pocos meses ya cambiaron a celtas cortos que se vendían al precio de 5 pesetas.

 

Josefina Toro Sierra